TEMA 1: La Iluminación
Desde los mundos mágicos y encantados de los magos, desde la ensoñación alquímica de los profetas, desde los jefes indios y brujos del pasado, a través del paso milenario y ancestral de la historia shamánica de todos los pueblos del mundo, nos llegan las claves a desentrañar para abrir el cofre de la conciencia expandida. Una conciencia que en sí es un precioso estado latente en todo ser humano, un grado de conciencia que en sí es una dimensión trascendental que se encuentra potencialmente en toda persona.
Esta conciencia, como la expresión más sublime que ha producido la Inteligencia de la Existencia, es la cumbre de la vida, es la cima de la materia y de la energía, es el último eslabón del universo manifiesto. Y, justamente, mediante este estado tan particular de conciencia es que puede lograrse la auto-Realización personal en nuestro camino por la vida.
El Iching, como un arcano esotérico de la antigüedad, apunta a esta autorrealización consciente de nuestra verdadera naturaleza interna, mediante la comprensión de las innumerables señales que se nos presentan diariamente. El Iching es el instrumento receptivo más preciso que hemos heredado de nuestros ancestros, para captar e interpretar las ondas energéticas que determinan nuestro presente y modelan nuestro futuro. Pues, sólo con la comprensión de estas corrientes y flujos energéticos podremos llegar a ser maestros de nuestras propias existencias; y ser maestros de nuestra propia vida es a lo que se considera en el Iching como Auto Realización.
La Existencia es eterna, la cual se manifiesta en infinitos universos sucesivos, progresivos y simultáneos, es decir, cosmos tras cosmos y cosmos dentro de cosmos, en una expresión carente de principio y fin. Y siendo que la conciencia es el estadio más elevado de la Existencia y de toda forma material, la conciencia como ese Orden Inteligente que hace a todo lo existente, también es eterna. Por lo tanto, la Existencia y la Conciencia son eternas. Y en una eternidad muchas cosas cambian, prácticamente todo.
Un sólo día vivido a conciencia es una eternidad, un segundo es una eternidad, porque al segundo siguiente, la conciencia es una nueva. Si bien hablamos de una sola conciencia inalterable, no hay dos segundos en la que ella se repita; ésta es una de las propiedades de la conciencia. Claro que para la persona dormida la conciencia es siempre la misma.
Sin embargo, la conciencia cambia de manera diferente, porque la conciencia siempre se encuentra fresca y en permanente movimiento aún su absoluta quietud intrínseca, ella no es como el cuerpo y como la mente que se marchitan y se deterioran. La Conciencia siempre es joven. Nunca ha nacido por lo que jamás morirá, es siempre eterna e infinita.
Precisamente, éste es el mensaje del Iching: todo cambia “I”, pero en el cambio permanente algo permanece indefinidamente en su estado esencial puro, y no sólo, como decía Heráclito: “lo único que permanece inmutable en el cambio es el cambio mismo”, sino que, además, el Iching señala que la Conciencia permanece más allá de todo cambio.
Lo inmutable es el cambio y la Conciencia.
Y aun así, la conciencia se transforma constantemente.
Esto es lo maravilloso de este tratado “Ching”, el ser un instrumento y una llave de nuestro despertar para interpretar el estado actual de esa conciencia que es inmutable y al mismo tiempo cambiante.
Por lo tanto, a causa y en honor al I (cambio) -yi-, transitaremos a lo largo de los siguientes temas por los fundamentos y principios esenciales del cambio, la permutación y transformación interior.
Incluso, el mismo Iching nos ayudará a profundidad cada momento efímero del cambio, y nos señalará cómo recurrir a la imagen grabada en la memoria de los sentimientos cada vez que necesitemos un estímulo para recordar la existencia del encanto metafísico.
Dijimos: ningún momento se repite dos veces. Esto es algo que muchos sabemos bien. Entramos en un arroyo y no se puede tocar la misma agua dos veces, dice la tradición filosófica de varias corrientes. Por más que mires el cielo azul cientos de miles de veces, nunca verás la misma nube pasar otra vez, ni el mismo viento te acariciará dos veces.
Por eso es tan necesario vivir cada instante con total presencia e intensidad de conciencia, porque ningún instante se vuelve a repetir.
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